El Fado es la expresión más conocida internacionalmente de la música portuguesa. En el Fado se expresan los malos momentos de la vida a través del canto. Generalmente es cantado por una sola persona, acompañado por la viola, nombre con el que se conoce a la guitarra española, y por la guitarra portuguesa. Los temas más cantados en el fado son pequeñas historias del diario vivir de los barrios humildes, la melancolía, la saudade o nostalgia y, especialmente, la frustración y el fatalismo.
Una de las mejores definiciones de fado nos la ofrece la propia Amália Rodrígues en su canción Todo esto es fado: “Amor, celos, ceniza y fuego, dolor y pecado. Todo esto existe. Todo esto es triste. Todo esto es fado”.
Suele mencionarse que la palabra Fado viene del latín fas, fatum, sinónimo de “destino”. De origen oscuro, surgió probablemente en la primera mitad del siglo XIX. Es seguro que tiene profundas raíces en el folclore portugués y, en especial, en sus poesías de un gran lirismo. También encontramos sus orígenes en ciertas melodías brasileñas, las modinhas, importadas por los estudiantes brasileños que iban a las universidades portuguesas incluso antes de la independencia de su país en el año 1835, o en bellas canciones trovadorescas y en ciertos cantos de tipo religioso que aportan un tono místico a esta clase de canción. Incluso en Lisboa, el fado tiene reminiscencias de las danzas africanas que habían importado los mestizos afincados en el siglo XIX en los populares barrios de Alfama y La Mouraria. Dado su origen como espectáculo tabernario son habituales los paralelismos con otros estilos relevantes en la misma época: el tango, el rebetiko griego, el blues o el flamenco. Durante la dictadura salazista fue protegido por las instituciones oficiales y cultivado como espectáculo turístico; por eso, después de la revolución de los claveles la popularidad del fado fue en descenso, sin embargo, actualmente, el fado goza de una gran popularidad y se puede oír en los cafés y en las calles de cualquier ciudad portuguesa no sólo como música, sino también como poesía, palabras, actitudes e incluso como una forma de vida, ya que siempre ha mantenido el sentimiento de libertad, fraternidad y justicia social como una toma de conciencia ideológica y de intervención política.
Existen básicamente dos tipos de fados:
a. El Fado tradicional de Coimbra que está conectado a las tradiciones académicas de la Universidad de Coimbra. Es principalmente, si no exclusivamente, cantado por hombres. Tanto los cantantes como los músicos visten de negro de capa y batina. Los temas hacen referencia a amores estudiantiles o a la ciudad. El estilo hace especial hincapié en el componente instrumental. El más conocido de los fados de Coimbra es “Coimbra é uma canção” (“Coimbra es una canción”), que tuvo un notable éxito en toda Europa.
b. El Fado de Lisboa es cantado tanto por hombres como por mujeres y es típico escucharlo en las “casas de fado”, tabernas y restaurantes que atraen al personal al reclamo de la música. Las mejores casas de fado se encuentran en los barrios de Alfama, Mouraria, Bairro Alto y Madragoa. Tiene como característica fundamental el cantar con tristeza y con sentimientos de dolor pasados y presentes, pero también puede contar una historia divertida con ironía. Las ornamentaciones vocales y el dramatismo son semejantes a los de otros estilos mediterráneos. Su intérprete más conocida fue Amália Rodrigues.
En ambos estilos el fadista se hace acompañar por tres o más guitarristas, al menos uno de los cuales toca la guitarra portuguesa o guitarra de fado que da al acompañamiento musical del fado su tono doliente característico.![]()
Este instrumento tan característico en el fado es una evolución de la antigua cítara y está emparentado en la actualidad con la guitarra inglesa o cittern. El instrumento posee 12 cuerdas y el cuerpo tiene forma de pera. Es a comienzos del siglo XIX que comienza su asociación con el Fado, asegurándose así su supervivencia, y convirtiendo a Portugal en el único país europeo en donde la cítara se ha conservado activamente.
A finales de los años 90 cristaliza en el panorama musical del fado una pléyade de voces nuevas, atrevidas, cautivadoras, firmes, sobrias y sensibles a la vez. Principalmente son mujeres nacidas en tierras lusitanas o en lugares lejanos, de padres portugueses. En todas ellas brota el manantial del fado con la fuerza de la tradición y el certero desafío de añadir otros colores a la nostalgia y la saudade de las fadistas del siglo pasado. Hoy, sus nombres copan reconocimientos internacionales, su presencia es demandada en cualquier escenario del mundo y sus trabajos hallan el calor del público. Entre todas las voces podemos destacar algunos nombres: Mísia, Mariza, Katia Guerreiro, Cristina Branco, Mafalda Arnauth y Dulce Pontes. Entre los nombres masculinos destacaríamos a Carlos Manuel Moutinho, conocido artísticamente como Camané.
Este nuevo fado usa una fusión con otras formas poético-musicales y el cambio se nota también en la orquestación. En los discos de las nuevas fadistas fluyen el cello, las violas, se cuela el fliscornio, la trompeta y percute el piano o tocan con músicos de otros países (Carlos Núñez, Uxía, etc.).
El fado atesora, hoy como ayer, lo mejor de la poesía bella, culta, popular y festiva. El poeta pone en la voz de las fadistas:
· La saudade de la tierra
“Habiendo dejado el país que me vio nacer,
soy lo que nunca quise ser:
caminante perdida de nostalgias”
· O el sentido de la vida
“Somos esclavos errantes de la vida,
y de la angustia de vivir
somos una imagen abatida
de lo que quisimos ser”
Escucha el programa:
lamardemusicas_fado.mp3 16-mar-09
